Las Canaimitas: Por aquí pasó Chávez
Hace un tiempo, mientras navegaba por ese mar de contenido infinito que es TikTok, me topé con un video que me detuvo en seco. En medio de la rapidez de las redes, el mensaje de @gizlandiaart brilla con luz propia y merece ser analizado más allá del "like", incluso eso fue lo que llamó más mi atención, porque dejé un comentario en su publicación y pasó de los 1200 me gusta, además de los comentarios a favor y en contra que se generaron.
Esta joven ilustradora venezolana compartió su proceso: cómo pasó de dibujar en una Laptop Canaima a ilustrar portadas de libros para autores de todo el mundo desde un pequeño pueblo en el interior del país. Su testimonio es la prueba viviente de que el Proyecto Canaima Educativo no fue solo una entrega de equipos, sino una siembra de soberanía tecnológica.
Debemos recordar que, bajo la visión del Comandante Hugo Chávez, la educación mediada por las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) dejó de ser un lujo de élites. Las "Canaimitas" llegaron a los hogares venezolanos con funciones diseñadas para la liberación del conocimiento: software libre (GNU/Linux) para garantizar la independencia, contenidos pedagógicos interactivos y herramientas de creación que convirtieron la casa de cada niño en un laboratorio de aprendizaje.
Chávez no solo entregó computadoras; democratizó el acceso a las herramientas del siglo XXI. El objetivo era claro: que el hijo del campesino y la hija de la trabajadora tuvieran el mismo punto de partida tecnológico que cualquier joven en las grandes capitales del mundo.
El caso de esta artista es emblemático. Ella misma lo dice: "Muchos me dijeron que para ser ilustradora tenía que irme a la capital o ser millonaria para comprar el mejor equipo, pero eso es falso". Lo que en su momento fue una política de Estado para la inclusión educativa, hoy se traduce en emprendimiento y exportación de talento.
Aquella "semilla" tecnológica permitió que miles de jóvenes se familiarizaran con el diseño, la programación y la narrativa digital. Hoy, esos niños que recibieron su equipo en la escuela primaria son los adultos que, como @gizlandiaart, están rompiendo barreras geográficas.
El mensaje de la ilustradora es contundente: "No es el equipo, es poner tu alma en cada historia". Sin embargo, para que esa alma pueda expresarse, primero tuvo que existir una herramienta. La Revolución Bolivariana proporcionó el soporte técnico para que el talento venezolano no se quedara guardado en un cuaderno, sino que pudiera digitalizarse y viajar por el mundo.
Ver a una joven de un pueblo venezolano triunfar en el mercado editorial internacional gracias a que un día tuvo una Canaima en sus manos, es la confirmación de que el camino de la soberanía tecnológica es el correcto. Por allí pasó Chávez, y en cada trazo de esta ilustradora, su visión sigue dando frutos.
El valor de la herramienta: entre el mal uso y la excelencia
Es justo reconocer que, como todo proceso masivo de transformación, el Proyecto Canaima no estuvo exento de distorsiones. No faltaron quienes, por falta de conciencia o visión, desvirtuaron el propósito de esta política de Estado. Vimos con pesar casos de "Canaimitas" convertidas en consolas para DJ en fiestas callejeras, o equipos destinados al aprendizaje siendo usados en mesones de venta de lotería.
Incluso, hubo quienes, traicionando el futuro de sus propios hijos, decidieron vender este patrimonio nacional. Estos usos inadecuados no fueron fallas del programa, sino reflejos de una cultura rentista que a veces le cuesta entender que la tecnología en manos del pueblo es para su liberación, no para su entretenimiento banal.
Sin embargo, es allí donde el ejemplo de @gizlandiaart cobra una dimensión heroica. Mientras unos veían un objeto para "resolver" el momento, ella vio una ventana al mundo. Mientras unos las subutilizaron, ella exprimió cada circuito de su equipo para aprender a ilustrar.
El contraste es claro:
- Para algunos, la Canaima fue solo una computadora más.
- Para los que soñaban en grande, fue el pincel digital que les permitió saltar del anonimato de un pueblito venezolano al mercado editorial internacional.
Resaltar historias como la de esta joven es una forma de reivindicar el esfuerzo del Estado. Nos demuestra que la inversión valió la pena, porque por cada equipo mal utilizado, hubo una semilla que sí cayó en tierra fértil y hoy nos regala profesionales que trabajan con soberanía y orgullo. Al final, la Canaimita no hace al artista, pero le da el poder de demostrar que el talento venezolano no tiene límites.
Por acá les comparto el link del vídeo original: https://vt.tiktok.com/ZSHs7csHk/

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