Con información de Ensartaos
Por: Jose Sant Roz
- Aquí no había ningún pueblo en armas. Falso. No teníamos un plan coordinado para desatar una lucha frontal contra el poder bélico del imperialismo. Aquí estábamos improvisando con amagos de un poder miliciano ciertamente muy precario y desordenado, con ejercicios y prácticas de tres o cuatro horas (si acaso) a la semana o cada dos meses, con armas muy anticuadas, con mucho voluntarismo, sin un riguroso entrenamiento y sin una coordinación que nos permitiera de veras responder contundentemente ante una llamada de alistamiento general, ante un ataque. En Caracas debemos contar al menos con unos 50 mil milicianos, muchos de ellos armados, ¿y qué pasó ese 3 de enero a las 2:30 de la madrugada? ¿Y durante las dos horas que los gringos estuvieron en la capital? ¿Nadie reportó algo inusual a sus superiores? ¿Nadie estaba preparado para este tipo de contingencias? ¿Se dio acaso la orden de esperar y dejar pasar el trago amargo? Aturdimiento general y absoluto fue lo que ensombreció y acoquinó al país. ¿Cómo entonces podemos salir ahora a decir que debemos actuar de otro modo, con ese chaparrón en las espaldas? Cero reacción.
- Nos confiamos como se lo advertí muchas veces al Presidente Maduro. Cuando ni siquiera tampoco estaban suficientemente alerta nuestras Fuerzas Armadas, para responder a un enemigo tan bien apertrechado, como despiadado con sus sofisticadas armas. Aquí, en definitiva, no estábamos preparados para repeler una arremetida tan artera como la que sufrimos el 3 de enero pasado. Y no lo vimos nunca venir, tal cual como nos sorprendió, pese a que cada vez se acercaban más y más, ahí frente a nuestras costas… Llegamos a creer torpemente que sólo eran simples amagos y amenazas… Imperdonable!
- Y a la vez debemos estar conscientes de que en 28 años de revolución aquí todavía no hemos podido forjar una clase dirigente que en lo más mínimo se parezca al Comandante Chávez. Comprender que la corrupción ha provocado estragos en nuestras fuerzas; de mil legisladores “chavistas” a lo largo de esos 28 años, de cientos de ministros, gobernadores y alcaldes, de miles de funcionarios, aquí no pudimos ver uno sólo con el uno por ciento de visión, de aprendizaje, de coraje y valor, de conciencia, como la que vimos de ese Comandante que todo lo dio por su patria hasta su último suspiro.
- La corrupción ha sido de lo más cruento y espantoso que hemos sufrido, por lo que a la larga hizo que les resultara a los gringos un simple paseíto lo del pasado 3 de enero. Acabaron esos miles de corruptos en un suspiro con cientos de miles de millones de dólares, destrozaron nuestra industria petrolera PDVSA llevándola al total colapso, con la horrenda y consabida desgracia de que estos corruptos llegaron a ser considerados por la ONU, por los poderosos medios y organismos multilaterales como “perseguidos políticos”. Cientos de gerentes de esta industria huyeron multimillonarios, siendo acogidos por Occidente como pupilos de sus criminales intereses (con el caso emblemático de Rafael Ramírez), dejándonos en la miseria. Y en general de ese mismo modo han actuado cientos de ministros, gobernadores y alcaldes del país. Como río salido de madre se llenaron nuestras instituciones de inescrupulosos y bandidos, y no mencionaremos a algunos otros, porque seríamos injustos dejando a miles por fuera. Por esta práctica, el chavismo acabó siendo diezmado en gran parte de su esencia ideológica y moral.
- Si todavía la madre de nuestra cultura sigue siendo la tradición horrorosa de la indolencia implantada por el Puntofijismo; por el abandono, el descuido, la impericia de nuestras acciones…, cómo podemos entonces pretender embarcarnos en una guerra contra los gringos, creernos organizados como lo fueron los vietnamitas, siendo que ante nuestros ojos la propia guerra la llevamos por dentro: los hospitales no funcionan, casi nadie vela por lo que arruina a su sector, a su vecindario, en el que puede cundir la basura como algo hasta natural: los muladares, el monte, la podredumbre y así y todo, casi nadie se siente aludido, ni asume sus responsabilidades, como tampoco lo vemos en cientos de miles de funcionarios que se hacen los desentendidos con sus deberes, con sus trabajos: viendo las calles y carreteras, puentes, servicios públicos en general, sufrir el desgarro total de la desidia. Es cierto que las sanciones y bloqueos han sido un arma mortal contra nuestro desarrollo, pero ante cuántas terribles situaciones, diariamente, venimos siendo testigos apáticos de esa lenta y perniciosa destrucción interna del país.
- Lo primero que suele brotar de ciertos camaradas radicales es la crítica acerva ante lo que ocurrió el 3 de enero, lanzarse sin medias tintas por el carril de la angustia, del desespero, pidiendo una guerra inmediata y directa contra el invasor. Atacando ahora a Delcy, que muy bien pareciera escuchar al Comandante Chávez decir: “Ella no es la culpable, ella no es el enemigo…”. Hoy tenemos todavía mucho campo para la reorganización de nuestras fuerzas, de nuestro movimiento popular bastante herido, de todo aquello que construyó nuestro Comandante Eterno, pero sin divisiones. Debemos eso sí, analizar las razones que nos condujeron al actual abismo, y entender ahora que por impericia y por confiarnos en demasía fuimos entrampados y derrotados. Reconocer nuestras responsabilidades y debilidades, darnos cuenta de que aquí realmente no había ningún pueblo en armas, de que en el momento crucial del ataque no se respondió como se debía, y no podemos ahora ponernos a llorar desconsoladamente ante todo aquello que no supimos defender como verdaderos revolucionarios y bolivarianos. No señor…
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