Para cualquier margariteño, hablar de Porlamar es hablar de su brisa marina, de su actividad comercial y de esos paisajes que mezclan el azul del Caribe con el verde de nuestros manglares. Pero hay un lugar que, aunque lo veamos todos los días al pasar por la Av. Bolívar o al trotar en La Caracola, es el gran desconocido y, a la vez, el más importante para que nuestra ciudad siga en pie: la Laguna del Morro, o como le decían nuestros viejos, la Laguna Blanca.
Hoy, ese cuerpo de agua que purifica nuestro aire y nos protege de las inundaciones está en una encrucijada. La Superintendencia de Zonas Económicas Especiales (SZEE) ha puesto la mirada en sus alrededores para desarrollar proyectos de lujo, gimnasios de pádel y resorts. Ante esto, surge una pregunta que debemos hacernos en cada esquina de la isla: ¿Es este el desarrollo que necesitamos o estamos presenciando cómo las instituciones rompen sus propias reglas para favorecer el cemento sobre la vida?
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La ley contra la ley: El laberinto legal
A veces nos dicen que estas inversiones son "estratégicas" y que se amparan en la nueva Ley de Zonas Económicas Especiales (LOZEE). Es verdad que esa ley, en su Artículo 12, les da permiso para firmar convenios y atraer plata a la isla. Hasta ahí, suena bien. El problema empieza cuando leemos las letras chiquitas de esa misma ley, esas que las autoridades parecen querer pasar por alto.
Si revisamos el Artículo 3 y el Artículo 6 (numeral 13) de esa misma Ley de ZEE, la orden es clara: cualquier proyecto DEBE ser sustentable y respetar el equilibrio ecológico. No es una sugerencia, es un mandato. Entonces, ¿cómo se explica que se pretenda levantar estructuras de concreto en el área de amortiguación de un manglar? Aquí hay una contradicción evidente. Las instituciones están quebrando su propia institucionalidad cuando usan un pedazo de la ley para avanzar, pero ignoran la otra parte que les prohíbe destruir nuestro patrimonio natural.
Un escudo llamado Constitución
Para los que vivimos aquí, la Laguna del Morro no es un "terreno baldío" esperando por una piscina. Es un riñón biológico. Los manglares filtran el agua, frenan la erosión de nuestras costas y son la casa de miles de especies. Si acabamos con eso, Porlamar se vuelve más caliente, más vulnerable a las marejadas y pierde su esencia marinera.
Nuestra Constitución (CRBV), en su Artículo 127, nos da la razón a todos. Dice clarito que es un derecho y un deber de cada generación proteger el ambiente. Ningún decreto de una zona especial, por más importante que suene, tiene más peso que lo que dice nuestra Carta Magna. El Estado no puede ser el primero en saltarse la cerca. La Ley Orgánica del Ambiente también lo respalda: no se puede tocar lo que es vital para la salud del ecosistema sin consecuencias.
El poder lo tiene la gente (y la Ley de Comunas)
A veces el margariteño siente que estas decisiones se toman "allá arriba" y que no hay nada que hacer. Pero eso no es verdad. La ley venezolana nos da una herramienta poderosa que muchas veces no usamos por desconocimiento: la Contraloría Social.
Según el Artículo 45 de la Ley Orgánica de las Comunas, las comunidades organizadas —como las de Brisas del Mar, Costa Azul, Playa Concorde y La Isleta— tienen la competencia legal de abordar este asunto. No es solo ir a una reunión a escuchar; es tener el poder de fiscalizar, cuestionar y frenar cualquier movimiento que atente contra el hábitat. Las Comunas aledañas a la Laguna tienen el rol protagónico de ser los guardianes de ese espacio. La ley les da el permiso de interferir cuando vean que las instituciones están "raspando" el manglar para beneficiar a unos pocos.
Una invitación a la reflexión institucional
Este no es un mensaje contra la inversión. Todos queremos que Margarita brille de nuevo; el cuestionamiento que hacemos es con respeto, pero con la firmeza de quien conoce su tierra: ¿Por qué la SZEE insiste en proyectos que chocan con su propia ley de sustentabilidad?
Margarita ha aguantado mucho, pero la naturaleza tiene un límite. La Laguna Blanca ha purificado nuestra costa por siglos, nos toca a nosotros ahora limpiar el camino de la legalidad. No podemos aceptar que se quiebre la institucionalidad para favorecer un deporte de moda como el pádel, mientras sacrificamos el escudo natural que nos queda.
La "Ciudad Marinera" debe su nombre al mar y a sus lagunas. Si permitimos que el concreto asfixie el manglar, estaremos perdiendo nuestra identidad. El llamado es a mirar hacia el Artículo 6 de la propia ley de Zonas Económinas Especiales así como al ciudadano de Porlamar informarse y participar es la clave
La defensa de la Laguna del Morro es la defensa de nuestra casa. No dejemos que nos vendan un "progreso" que nos deje sin agua limpia, sin brisa fresca y sin ley. La Laguna no es de un inversionista, es de cada margariteño que la respira. ¡Que la institucionalidad vuelva a su cauce y que el manglar siga siendo el rey de nuestra costa!
La defensa de la Laguna del Morro es la defensa de nuestra casa. No dejemos que nos vendan un "progreso" que nos deje sin agua limpia, sin brisa fresca y sin ley. La Laguna no es de un inversionista, es de cada margariteño que la respira. ¡Que la institucionalidad vuelva a su cauce y que el manglar siga siendo el rey de nuestra costa!
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