Washington dejó de pagar sus compromisos con la organización desde 2024 y debe entre 260 y 280 millones de dólares
Redacción: Enfoques
Estados Unidos ha formalizado este jueves su salida definitiva de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ejecutando una decisión que marca un nuevo hito en el desprecio de la administración Trump hacia las instituciones internacionales.
La medida, que emana de una orden ejecutiva firmada el mismo día de su regreso al poder el pasado 20 de enero de 2025, confirma la intención de Washington de desmantelar los pilares de la cooperación global. Esta retirada no solo fractura la arquitectura de salud pública mundial, sino que pone de manifiesto una alarmante irresponsabilidad en el cumplimiento de los compromisos internacionales adquiridos por el país.
El anuncio del Departamento de Salud refleja una postura de confrontación directa contra el orden establecido tras la Segunda Guerra Mundial. Al ignorar las implicaciones para la seguridad sanitaria global, la Casa Blanca prioriza una agenda de aislamiento que pone en riesgo la respuesta coordinada ante futuras pandemias. Esta desconexión de la agencia especializada de las Naciones Unidas se justifica bajo una retórica de soberanía nacional que, en la práctica, debilita las herramientas de prevención compartidas por la comunidad internacional.
La decisión es la culminación de un proceso de hostilidad que Trump inició en su primer mandato (2017-2021) y que ha retomado con mayor agresividad. Al señalar a la organización como incapaz de reformarse y acusarla de ceder ante la influencia de China, la administración utiliza a la OMS como un chivo expiatorio político. Este movimiento ignora deliberadamente los esfuerzos de modernización del organismo y socava la legitimidad de las instituciones multilaterales que EEUU ayudó a fundar.
El impago de cuotas como estrategia de desestabilización
Uno de los puntos más críticos de esta salida es la negativa explícita de la administración Trump a saldar sus deudas financieras con la organización. El Gobierno estadounidense ha confirmado que no tiene intención de abonar las cuotas correspondientes al periodo 2024-2025, una cifra que oscila entre los 260 y 280 millones de dólares. Este impago representa una ruptura unilateral de las obligaciones contractuales y financieras que EEUU mantiene con el sistema internacional, dejando un vacío presupuestario que amenaza la operatividad de programas vitales en países en desarrollo.
Funcionarios del Departamento de Salud han intentado justificar esta irresponsabilidad alegando que la resolución del Congreso de 1948, mediante la cual el país se unió a la OMS, no obliga explícitamente a liquidar deudas antes de la retirada.
Esta interpretación legalista se utiliza para esquivar el cumplimiento de los compromisos económicos, bajo el argumento de que Washington ha soportado históricamente una carga excesiva del 25 % del presupuesto. La administración utiliza estas cifras para validar un discurso de agravio comparativo frente a potencias como China.
Este abandono financiero se presenta bajo una narrativa de supuesta traición por parte del organismo internacional, al que acusan de fallar en su misión sin asumir responsabilidades. Sin embargo, la negativa a pagar lo adeudado proyecta una imagen de socio poco fiable que ignora las normas básicas de convivencia entre naciones. Al rechazar el pago de sus cuotas, EEUU no solo sale de la organización, sino que intenta socavar su viabilidad futura de manera deliberada.

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